martes, noviembre 22, 2005

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En una utopía donde las normas no existiesen porque se hubiera alcanzado un grado tal de mesura, raciocinio, bondad y farmacología que no las hicieran necesarias; en un mundo así, ideal o claustrofóbico, todavía seguiría existiendo un lugar donde las reglas sobrevivirían: una mesa de billar.
Jugadores perseguidos por fijar las pautas del duelo, fieles a unas normas que aumentan la dificultad y equilibran las fuerzas, cada uno de ellos se convertiría en un peligro para una sociedad ya incapacitada para ordenarse de una manera distinta a la lógica. Decidirían por sí mismos, delante de la mesa y taco en mano, un acuerdo entre caballeros donde la palabra es suficiente para comenzar a jugar.
Imagínense los cinéfilos un cruce entre Blade Runner y El buscavidas, ahí está depositado el imaginario de este post.
Disfruten la partida.